¿Mi cielo...?, mi cielo es tu mirada y tu mirada es mi sueño...
¿Mi sueño...?, mi sueño es tu sonrisa y tu sonrisa es mi vida...
¿Mi vida...?, mi vida es tu beso y tu beso es mi mundo...
¿Mi mundo...?, mi mundo es tu felicidad y tu felicidad es mi objetivo...
¿Mi objetivo...?, mi objetivo es tu camino y tu camino es mi ilusión...
¿Mi ilusión...? mi ilusión eres Tú.
Celeste Orjales.
A ti... que tantos y tantos momentos de total plenitud me has dado, momentos que nunca podré olvidar.
A ti... que me llenabas los días con dulces sonrisas y tiernas miradas. A ti... que cada mañana me regalabas un buenos días acompañado de un beso sincero.
Alguna vez cuando era difícil separarte de mamá y papá y la tristeza se reflejaba en tu carita redondita, me dejabas que tomara tu mano, acariciase tu pelo o en mis brazos te cogiese y entonces... en aquel mismo instante, la tristeza comenzaba a tornarse alegría y ya no te acordabas de que papá y mamá no estaban.
A ti... que te despedías en la tarde con un dulce hasta mañana y cuando yo te preguntaba "¿no tienes nada que darme?", respondías graciosamente "un beso y un abrazo por lo menos" y te colgabas fuertemente de mi cuello.
Tú junto a mí y yo junto a ti, vivimos aventuras increíbles... Viajamos hasta Laponia montados en un trineo, yo me convertía en Rudolph y tú eras un pequeño duendecillo, te reías, me reía... Nos bañábamos en la playa, ¡qué linda playa imaginaria!... Viajábamos en "el tren de la risa y de la fantasía"... Nos convertíamos en mariposas, en elefantes, en gigantes y enanitos, qué bien nos lo pasábamos... Nos disfrazábamos de hadas y magos, de príncipes y princesas...
Yo junto a ti y tú junto a mí nos ibamos de excursión y disfrutaba yo más de lo que lo hacías tú, porque disfrutaba por los dos, por ti y por mí... disfrutaba viéndote feliz, viéndote reír...
A ti... que tantas veces me hiciste llenar de orgullo y satisfacción por los triunfos que lográbamos juntos... A ti... porque a mi lado aprendiste las letras... los números...los colores... lindas canciones y los primeros valores...
A ti... que juntos vivimos momentos de enfado, enfado que poco duraba, porque tú con tus preguntas hacías que se me olvidara y me robabas una sonrisa que a veces ante tu observadora mirada ocultaba...
A ti... que en ocasiones hacías que me emocionara... cuando me regalabas flores, cuando a la vuelta del fin de semana un dibujo me traías al aula y me decías que te habías acordado de mí, eso me hacía sentir especial, eso hacía que me sintiese más cerca de ti...
A ti... te doy las gracias por haberme permitido formar parte de tu todavía cortita e inocente vida y por haberme permitido estar junto a ti.
A ti... te doy las gracias por haberme permitido ser tu amiga, tu confidente, tu "profe" y a veces un poco mamá. A ti... te doy las gracias por tu cariño sincero y por la confianza de mamá, papá y los abuelos.
Gracias por aceptarme en los momentos de risa y en los momentos de llanto. Gracias por tus risas alborotadoras... tus miradas enternecedoras... por tus juegos... tus momentos de atención... por tus gestos... y sobre todo, gracias por dejarme aprender junto a ti.
Tulipanes de Paula...
el árbol de Navidad de Julia...
la ciudad de Laura...
los tres Reyes Magos de Nuno...
la primavera según Julia...
un bosque según Beatriz...
y esta soy yo según Mara.
Y la música que más nos gustaba para la hora de descansar y relajarnos.
Texto y fotografías: Celeste Orjales.
Aún entre sus semejantes, ella se sentía sola y diferente, pero a pesar de ello, disfrutaba de aquello que la vida le brindaba.
La luz y el calor del sol acariciando sus pétalos... el canto de los pájaros... el aroma de la hierba fresca... el rocío de la mañana... el baño en la noche de la luz plateada...
Y todo ello lo disfrutaba sin pensar en el mañana, cuando quizás, la mano inocente de un niño sonriente, su vida segara.
Celeste Orjales.
Cuando tú no estás, al cielo le falta vida...
El sol no tiene luz... la luna no ilumina... y las estrellas no brillan.
Anclate a mi vida y dame tu sonrisa... anclate a mi alma que sin ti está perdida...
Me anclaré a tu vida, me anclaré a tu alma...
Tu ancla... mi ancla... juntas en un mismo puerto y ya nunca separadas.
Borremos las ausencias... rompamos los silencios... olvidemos los miedos que nos separan...
Tu ancla... mi ancla... juntas en un mismo puerto y ya nunca separadas.
Celeste Orjales.
Me robaste el sentido...
De mis sueños te hiciste el dueño.
A través de tus ojos la vida comencé a ver. Con tus labios podía calmar mi sed.
Era tu voz como una canción de cuna que en la noche me tranquilizaba y entre tus brazos sonriendo me dormía...
Pero el tiempo ha pasado y el frío viento del invierno te llevó muy lejos y ahora...
Ahora ya mis sueños no tienen dueño, porque en la noche no duermo.
Mis ojos no pueden ver, sin los tuyos se han quedado ciegos.
Mis labios mueren de sed, pues los tuyos ya no les dan de beber...
Celeste Orjales.
Decía abuela...
Con la cuchara que coges comes,
siempre que comida contenga...
Y aquí estoy yo frente a la mesa
con mi plato de lentejas,
viendo en la tele como de hambre mueren
y aquí nadie se queja.
Colores oscuros que simulan sufrimiento,
colores claros que luchan por poder y dinero.
Eterno problema de este planeta
que cada día está más muerto.
Libertad no es el bosque, ni cárcel una mazmorra,
libertad es la conciencia tranquila
de aquellos que nos devoran.
Devoran sin dentaduras ni cubiertos,
pero con recetas que impresionan,
cocinadas en mazmorras, para controlar a los hombres
que su conciencia ignoran.
No sólo de pan vive el hombre
sino de hechos y afectos.
Y es curioso como hacemos
para que ello no surja efecto.
La otra noche repetía lentejas
y aquí nadie se queja,
no es un problema de conciencia
simplemente de coherencia.
Esperemos que en noches venideras
y pidiendo a Dios que lo quiera,
en esta humilde casa que siempre le adora,
nunca nos falte la cuchara llena.
Alfredo García Rivero.